SpaceX ha recuperado el favor de Wall Street después de varios meses marcados por las dudas sobre su elevada valoración. Las acciones de la compañía de Elon Musk acumulan una revalorización cercana al 30% desde su salida a Bolsa y Morgan Stanley considera que el recorrido podría estar lejos de agotarse.

El banco estadounidense mantiene su recomendación de sobreponderar las acciones de SpaceX y fija un precio objetivo de 300 dólares. Alcanzar ese nivel supondría prácticamente duplicar el precio de 150 dólares al que los pequeños inversores pudieron acceder al valor cuando comenzó a cotizar.

El punto de partida oficial está en la histórica salida a Bolsa de la compañía. Según comunicó la propia SpaceX, la empresa fijó el precio de su OPV en 135 dólares por acción y comenzó a cotizar en el Nasdaq el pasado 12 de junio bajo el ticker SPCX.

La operación terminó convirtiéndose en una de las mayores salidas a Bolsa de la historia. SpaceX confirmó posteriormente la colocación de casi 639 millones de acciones, incluyendo la opción adicional ejercida por los bancos colocadores, con unos ingresos brutos próximos a 85.700 millones de dólares.

El estreno, sin embargo, no fue un camino de rosas. Después de alcanzar los 225 dólares poco después de empezar a cotizar, las acciones llegaron a sufrir una corrección cercana al 30%, mientras el mercado comenzaba a preguntarse si las expectativas depositadas en Starlink, Starship y los nuevos negocios vinculados a la inteligencia artificial justificaban una valoración de semejante tamaño.

Ahora el escenario ha cambiado.

Starship vuelve a convertirse en un catalizador

Una de las razones está en los avances conseguidos por Starship. La nave alcanzó por primera vez la órbita terrestre y desplegó 26 satélites de nueva generación de Starlink antes de amerizar en el océano Pacífico.

El éxito tiene una lectura que va mucho más allá de una nueva prueba espacial. Conseguir que Starship sea plenamente reutilizable es una pieza esencial de la estrategia económica de SpaceX: permitiría reducir significativamente el coste de poner carga en órbita y acelerar el despliegue de la red Starlink.

Precisamente Starlink se está convirtiendo en uno de los activos más importantes del grupo. La red de internet vía satélite supera ya los 13 millones de usuarios y está presente en más de 160 países, mientras SpaceX continúa ampliando una constelación destinada a ofrecer conectividad tanto a hogares y empresas como a barcos, aviones y dispositivos móviles.

La combinación de lanzamiento espacial y telecomunicaciones proporciona además a SpaceX una ventaja difícil de replicar: la compañía fabrica los cohetes, controla buena parte de los lanzamientos y es, al mismo tiempo, propietaria de la infraestructura de satélites que coloca en órbita.

¿Por qué Morgan Stanley cree que SpaceX puede valer 300 dólares?

Aquí está probablemente la parte más interesante para el inversor.

El analista de Morgan Stanley Adam Jonas considera que SpaceX puede parecer cara utilizando los múltiplos tradicionales, pero cambia considerablemente la fotografía cuando se incorpora a la ecuación su crecimiento esperado.

La compañía cotiza aproximadamente a 30 veces el valor de empresa sobre el EBIT previsto para 2028, frente a unas 16 veces de otras grandes compañías vinculadas al desarrollo de inteligencia artificial.

Pero Morgan Stanley utiliza además una valoración ajustada por crecimiento. Con ese criterio, SpaceX cotizaría alrededor de 0,3 veces EV/EBIT/crecimiento, aproximadamente un 40% por debajo de la mediana de 0,5 veces de las grandes tecnológicas utilizadas como referencia.

Por eso Jonas mantiene un precio objetivo de 300 dólares y ha llegado a describir las acciones como «baratas» cuando se tiene en cuenta el crecimiento esperado.

Ese objetivo debe interpretarse, no obstante, como una estimación de un analista y no como una garantía de rentabilidad. Llegar a 300 dólares exigiría que SpaceX mantuviera tasas de crecimiento extraordinariamente elevadas y que negocios como Starlink, Starship y sus nuevas actividades tecnológicas cumplieran buena parte de las expectativas que actualmente descuenta el mercado.

Una valoración que ya juega en la liga de las mayores compañías del mundo

El tamaño alcanzado por SpaceX permite poner la subida en perspectiva. Con una capitalización que supera actualmente los 2,2 billones de dólares, la empresa ya se encuentra en el grupo de las mayores compañías cotizadas del planeta.

Y ahí aparece también el principal riesgo.

Una compañía valorada por encima de los dos billones necesita generar crecimientos enormes para justificar nuevas subidas importantes. El mercado ya no está valorando únicamente el negocio actual de lanzamiento de cohetes o los clientes actuales de Starlink, sino una parte importante de los beneficios que SpaceX podría generar durante los próximos años.

Por eso los próximos resultados trimestrales tendrán especial relevancia. Los inversores buscarán comprobar si el crecimiento operativo avanza al mismo ritmo que las expectativas incorporadas al precio.

SpaceX tiene además otros catalizadores sobre la mesa: nuevos avances de Starship, la expansión internacional de Starlink, servicios móviles mediante satélite y el desarrollo de negocios relacionados con inteligencia artificial.

El mercado ha vuelto a comprar esa historia de crecimiento. La gran incógnita ahora no es si SpaceX ha conseguido recuperar el interés de Wall Street, sino si sus resultados crecerán lo suficientemente rápido como para sostener una valoración que ya compite con la de las mayores tecnológicas del mundo.