El expresidente del BCE sitúa la capacidad de computación entre las grandes debilidades europeas frente a Estados Unidos y China. Bruselas moviliza 200.000 millones de euros para impulsar la IA, incluidos 20.000 millones destinados a gigafactorías, mientras intenta reducir la dependencia tecnológica exterior.

Mario Draghi ha vuelto a situar la infraestructura tecnológica en el centro del debate sobre la competitividad europea. El expresidente del Banco Central Europeo considera que Europa necesita acelerar la construcción de centros de datos y aumentar su capacidad propia de computación si quiere competir en inteligencia artificial y reducir su dependencia tecnológica de Estados Unidos y China.

La advertencia llega en un momento especialmente relevante para la estrategia digital europea. La Comisión Europea reconoce que la Unión mantiene un déficit de grandes infraestructuras de computación capaces de entrenar, ajustar y ejecutar los modelos de inteligencia artificial más avanzados y considera esta carencia un riesgo para la competitividad y la autonomía tecnológica del continente.

Bruselas ya ha puesto cifras al desafío: la iniciativa InvestAI pretende movilizar 200.000 millones de euros de inversión en inteligencia artificial, de los que 20.000 millones estarán destinados a financiar las primeras gigafactorías europeas de IA.

El problema, por tanto, ya no es únicamente disponer de modelos europeos de inteligencia artificial. Europa necesita también controlar una parte mayor de la infraestructura física sobre la que funciona esa tecnología.

Europa necesita más capacidad de computación para reducir su dependencia tecnológica

Los centros de datos se han convertido en una infraestructura estratégica para la economía digital. En ellos se concentra la capacidad informática necesaria para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial, prestar servicios en la nube y procesar cantidades crecientes de información.

La propia Comisión Europea admite que la limitada capacidad de centros de datos de la UE amenaza su capacidad para beneficiarse de la transformación digital.

La propuesta europea del Cloud and AI Development Act, presentada en junio de 2026, señala además que la falta de capacidad obliga a empresas europeas a canalizar cargas críticas de trabajo mediante infraestructuras de grandes proveedores extranjeros.

El documento también refleja el deterioro de la posición competitiva de las compañías europeas en la nube: los proveedores de la UE redujeron su cuota en el mercado europeo desde el 29% en 2017 hasta el 15% en 2022, porcentaje que posteriormente se ha mantenido prácticamente estancado.

Esta dependencia tiene implicaciones que van más allá del negocio tecnológico. La Comisión vincula directamente la capacidad europea en nube e inteligencia artificial con la competitividad, la seguridad de suministro y la soberanía tecnológica.

Bruselas moviliza 200.000 millones para convertir Europa en un “continente de IA”

La respuesta europea comienza a adquirir una dimensión financiera considerable.

El Plan de Acción Continente de IA de la Comisión contempla movilizar 200.000 millones de euros para inversiones relacionadas con inteligencia artificial.

Dentro de ese programa, 20.000 millones se destinarán al desarrollo de hasta cinco gigafactorías de IA, grandes instalaciones capaces de proporcionar la potencia informática necesaria para entrenar modelos de inteligencia artificial de última generación.

La estrategia se complementa con al menos 19 factorías de IA conectadas a la red europea de supercomputación. Estas instalaciones están diseñadas para facilitar a empresas emergentes, compañías industriales e investigadores el acceso a recursos avanzados de computación.

El interés privado por desarrollar esta infraestructura ha superado inicialmente las expectativas de Bruselas. La convocatoria informal para las gigafactorías recibió 77 propuestas para desarrollar instalaciones en 60 ubicaciones de 16 Estados miembros, según la Comisión Europea.

El proceso ha avanzado durante 2026. EuroHPC lanzó el 30 de julio la convocatoria formal para las primeras gigafactorías y el calendario preliminar europeo contempla que la construcción de las primeras instalaciones pueda comenzar en 2027.

Estados Unidos concentra buena parte de la infraestructura mundial de IA

La dimensión de las inversiones anunciadas por Bruselas debe interpretarse dentro de una carrera mundial por la capacidad informática que se está acelerando.

Estados Unidos mantiene una ventaja muy considerable tanto en infraestructura como en desarrollo de modelos avanzados. La diferencia fue señalada anteriormente por el propio Draghi: en 2024 Estados Unidos produjo 40 grandes modelos fundacionales de inteligencia artificial, frente a 15 desarrollados en China y únicamente tres en la Unión Europea.

La brecha no afecta solamente al software.

Las grandes tecnológicas estadounidenses están realizando inversiones multimillonarias para ampliar sus redes internacionales de centros de datos. Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle han recurrido además de forma creciente a los mercados financieros para financiar esta expansión.

El crecimiento está alcanzando también a Europa. Google anunció esta semana una inversión de 13.000 millones de euros en Finlandia durante los próximos dos años, su mayor inversión europea hasta la fecha, destinada a desarrollar infraestructura de inteligencia artificial y tres nuevos centros de datos.

La operación incluye un acuerdo energético a 22 años para adquirir hasta el 50% de la producción de una central nuclear finlandesa, una muestra de cómo la carrera por la inteligencia artificial está empezando a entrelazarse directamente con la disponibilidad de energía.

La energía se convierte en el otro gran límite de la inteligencia artificial europea

Construir centros de datos no resuelve por sí solo el problema europeo.

Las instalaciones destinadas a inteligencia artificial necesitan enormes cantidades de electricidad, convirtiendo el acceso a energía abundante, estable y competitiva en uno de los principales factores para decidir dónde se realizan las nuevas inversiones.

Draghi ya había advertido de esta debilidad. Los elevados costes energéticos europeos reducen la competitividad industrial frente a Estados Unidos y condicionan especialmente actividades intensivas en electricidad.

La expansión de la inteligencia artificial aumentará esta presión.

El crecimiento de centros de datos plantea simultáneamente necesidades adicionales de redes eléctricas, generación, almacenamiento y refrigeración. La Comisión Europea reconoce además que el desarrollo de estas infraestructuras tiene implicaciones sobre el consumo eléctrico, las emisiones y recursos como el agua.

El desafío europeo consiste así en aumentar rápidamente la capacidad informática sin trasladar el coste de esa expansión a hogares y otras industrias.

España afronta el mismo dilema entre inversión tecnológica y capacidad energética

España puede ocupar una posición relevante en este nuevo mapa europeo gracias a su disponibilidad de energía renovable, suelo y conectividad, pero el desarrollo de centros de datos también está generando un debate regulatorio.

El sector calcula inversiones próximas a 67.000 millones de euros entre 2026 y 2030, aunque los operadores han mostrado su preocupación por las nuevas exigencias energéticas planteadas por el Gobierno.

Entre las medidas discutidas figura la exigencia de que los centros de datos cubran al menos el 80% de su consumo eléctrico mediante energía renovable en cada hora.

La asociación Spain DC ha advertido de que las condiciones inicialmente planteadas podrían poner en riesgo hasta el 36% de las inversiones previstas. El Gobierno se ha mostrado dispuesto a revisar algunos requisitos siempre que la expansión de los centros de datos no termine provocando un incremento del precio de la electricidad para hogares y empresas.

El debate español reproduce a escala nacional uno de los grandes dilemas europeos: atraer inversiones multimillonarias vinculadas a la inteligencia artificial sin generar cuellos de botella en las redes eléctricas ni elevar los costes energéticos del resto de la economía.

De regular la inteligencia artificial a construir su infraestructura

La petición de Draghi apunta, en definitiva, a una evolución de la política tecnológica europea.

La UE ha construido durante los últimos años buena parte de su estrategia alrededor de la regulación de la inteligencia artificial. Ahora está intentando complementar ese marco normativo con capacidad industrial propia.

El Plan Continente de IA, las 19 factorías previstas, las futuras gigafactorías y el Cloud and AI Development Act forman parte de ese cambio.

La Comisión considera actualmente la infraestructura informática una condición necesaria para mejorar la productividad europea y reducir dependencias estratégicas.

La incógnita será la velocidad de ejecución. Europa ha movilizado recursos financieros y ha comenzado a crear el marco necesario para aumentar su capacidad de computación, pero Estados Unidos y China continúan ampliando simultáneamente sus inversiones.

El mensaje de Draghi incide precisamente en esa diferencia entre planificación y capacidad efectiva: en la carrera mundial por la inteligencia artificial, disponer de centros de datos, energía, chips y capacidad de computación se ha convertido en una cuestión económica e industrial, además de tecnológica.